miércoles, 12 de enero de 2011

LA MAYOR  NECESIDAD PARA EL PUEBLO DE DIOS
EN EL TIEMPO PRESENTE

Po medio del Profeta Jeremías, el bondadoso Padre Celestial, desenmascara la necedad de su pueblo, “al trocar lo importante, la gloria de Dios; por lo que no aprovecha”. Jer.2:11.  El pueblo de Israel, trocó lo verdadero por lo falso, lo celestial por lo terrenal, los sagrados oráculos divinos, por la idolatría más absurda. Perdieron el sentido y el discernimiento espiritual, aún de los ritos sagrados, que prefiguraban de antemano, la venida del Mesías prometido por el amoroso y clemente Creador. La gloria para Israel, era “Dios, la fuente de la verdadera prosperidad”.[1]  La clase dirigente, sacerdotes, pastores y profetas, anduvieron tras lo que no aprovecha, y esto favoreció  que el pueblo de Dios se apartara de lo verdadero, actuando como las naciones paganas. El profeta, dolido en su corazón llama a los cielos  que sean testigos, de algo espantoso que ha acaecido en la tierra; Las naciones paganas, no han cambiado sus dioses, pero el Señor dice de su amado pueblo: “Mi pueblo ha trocado su gloria por lo que no aprovecha”. Jer.2:11. Les muestra que han actuado contra las costumbres de todas las naciones, porque ellas eran más firmes en sus devociones a sus dioses falsos, que ellos al verdadero Dios.  Continúa diciendo el profeta de Dios. “Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua”. Jer.2:13. ¿Cuáles fueron estos dos grandes males que cometió la nación israelita?
1.      Dejaron a Jehová, fuente de agua viva.
2.      Cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.
Para comprender el sentido de las palabras, nótese lo que Elena de White escribió por inspiración divina:
 “En los cánticos de David su gracia es presentada como aguas de reposo, en delicados pastos, hacia los cuales el pastor divino guía su rebaño. Y también dice: Tus los abrevarás del torrente de tus delicias. Porque contigo está el manantial de la vida. Y el sabio declara: Vertiente de arroyo es la fuente de tu sabiduría. Para Jeremías, Cristo es la fuente de agua viva. Para Zacarías, un manantial abierto…para el pecado y la inmundicia. (Sal.19:14; 62:7; 61:2; 71:3; 94:22; prov.18:4; Jer.2:13; Zac.13:1.)”.[2]
El verbo dejar, implica también abandonar, alejarse. Ellos se alejaron de una relación
Personal con el Señor. Lo primero para ellos como nación teocrática, ya no era Dios. El mundo los absorbió completamente, razón por la cual, les fue permitida la dura experiencia del cautiverio asirio y babilónico. Llegó el punto que ya no hubo remedio para la rebelde nación, que Dios la quiso bendecir, y revelar a través de ellos su gloria, amor y gracia para este mundo perdido.
     Usando la figura de la fuente y del agua Nuestro Dios se hace representar. En el Antiguo testamento esta figura es recurrente. El símbolo del agua se usa decenas de veces. Las inspiradas palabras del patriarcas Jacob, respecto de su hijo José son significativas: “Rama fructífera es José, Rama fructífera junto a una fuente…”Gn.49:22. Luego agrega, “Y los brazos de sus manos se fortalecieron por las manos del Fuerte de Jacob, por el nombre del pastor la Roca de Israel”. Gn.49:24.
Claramente aquí se señalan declaraciones mesiánicas. El Apóstol Pablo señala, que el “Fuerte de Jacob, y la Roca de Israel, era Cristo”. 1Cort.10:4.
El Señor Jesucristo, cuando estuvo en esta tierra, usó la figura del agua, para representarse a sí mismo, y su obra redentora. En su entrevista con la mujer samaritana, le dijo: “Cualquiera que bebiere de esta agua volverá a tener sed; más el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino el agua que yo le daré será en él una fuente que salte para vida eterna” Jn.4:13,14.
El que trate de aplacar su sed en las fuentes o cisternas de este mundo, beberá para volver a tener sed. Nada ni nadie satisface el alma sino Jesús, el  Salvador del mundo. Respecto de esto, Elena de White declara: “Por todas partes hay hombres que no están satisfechos. Anhelan algo que supla la necesidad del alma. Un solo Ser puede satisfacer esa necesidad del alma. Lo que el mundo necesita, el Deseado de todas las gentes, que es Cristo. La gracia divina que él solo puede impartir, es como agua viva que purifica, refrigera, y vigoriza el alma”.[3]
Hay otra maravillosa promesa que hizo el Salvador. Juan registra sus palabras: “En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó su voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí como dice la Escritura de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues no había venido aún el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado” Juan.7:37-39.
Para el seguidor de Cristo existe esta maravillosa promesa. Está a disposición de todo ser humano que lo reconozca y acepte como su único y suficiente Salvador personal.
Para disfrutar de la enriquecedora y maravillosa experiencia, de tener en el interior ríos de agua viva, tenemos que acudir a Cristo, como fuente de bebida espiritual. No meramente a un predicador, o a la iglesia o a la ceremonia bautismal, sino a Jesús. Debemos acudir a él, y solo a él. 
El autor Leroy E. Froom, respecto de esto señala: “¿Qué significa acudir a Jesús? Es creer en él, y recibirlo tal como él se ofrece en este versículo (Juan.7:37-39), una fuente inagotable de vida divina, de amor y satisfacción, y el Espíritu Santo como el portador de esas corrientes de amor”[4]
En conclusión, el Padre Eterno, en Cristo su Hijo, ofrece al hombre, satisfacer toda necesidad espiritual del alma, creyendo en él, y recibiéndolo y aceptándolo como Salvador personal. El salvador prometió que el Padre enviaría su Espíritu Santo para todos los que creyeran en él, y se hicieran sus discípulos fieles. La presencia permanente del Consolador, traería, alivio, consolación, renovadas fuerzas, esperanza, amor y paz. Amén.






[1]  Iglesia de los Adventista del 7 día.  Comentario Bíblico, Tomo 4, pág.395.
[2]  White, Elena G.De.  Patriarcas y Profetas. Pág.438.  Asociación Casa Editora Sudamericana. B.Aires. Argentina.
White, E. G. De.  Deseado de Todas las Gentes. Pág.157.  Asociación  Casa Editora Sudamericana. B. Aires,  Argentina. 1983.
[4] Froom Leroy Edwin. La Venida del Consolador. Pág.238. Asociación Casa Editora Sudamericana. B. Aires, Argentina. 1990.

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