Mis estimados amigos, el más grande teólogo de la historia, el apóstol Pablo, autor de 14 epístolas del Nuevo Testamento, por revelación y sabiduría de Dios en Cristo; escribió con palabras magistrales, las maravillosas noticias, que a pesar de las terribles consecuencias que acarreó el pecado y de la penosa lucha que el hombre tiene con este enemigo, hay esperanza cierta para el pobre mortal. Por inspiración, escribió el gran apóstol: “ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”. (Rom.8:1). Vivir en una relación de fe y amor, con Cristo el Salvador, es la experiencia más rica y maravillosa que todo mortal puede experimentar en su existencia. Esto, envuelve la feliz realidad de dejarse guiar y caminar en esta vida junto al único representante fiel del Salvador en este mundo, es a saber, su Santo Espíritu. Estar en Cristo, significa en la práctica, andar conforme al Espíritu. La pregunta, quizás lógica que surge es, ¿qué significa andar conforme al Espíritu?
El mismo apóstol, lo responde con palabras llenas de sabiduría y contenido. Declara: “Efectivamente, los que viven según la carne, desean lo carnal; más los que viven según el Espíritu, lo Espiritual” Rom.8.5. Versión Jerusalén. La versión Valera 1960, habla no solo de deseo, sino de pensamiento. Es decir, los que son de la carne piensan en las cosas de la carne, pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Luego el apóstol, agrega dos acciones más, que deben realizar los que andan conforme al Espíritu. Textualmente dicen: “El ocuparse del Espíritu es vida y paz”…y los que “viven según la carne no pueden agradar a Dios”. Rom.8:6,8. Tres son las acciones claras que presenta el apóstol, deben cumplir, los que están en Cristo Jesús, los que andan conforme al Espíritu. Estas acciones son: Pensar en las cosas del Espíritu, ocuparse en ellas, y vivir en ellas. En síntesis, pensar, ocuparse y vivir, conforme a la voluntad del Espíritu que conoce en plenitud, la voluntad y los designios soberanos de Dios.
Estimado lector, le invito a intentar esta experiencia, que a mi juicio, es la mejor, y de proyección esperanzadora de un futuro glorioso y eterno, junto a los verdaderos hijos de Dios. Amén.
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