domingo, 16 de enero de 2011

CÓMO ENCONTRAR CAMINO A LA VERDADERA LIBERTAD

Asediada, desde la misma caída en el pecado,  por servidumbres externas e internas,  la humanidad ha estado siempre luchando, por adquirir y mantener la libertad. ¿Cuánta sangre se ha derramado en las cientos de guerras civiles e internacionales, que levantado el hombre contra el hombre? ¿Cuántas vidas han sido sacrificadas a lo largo de la historia, en la lucha contra la opresión y la explotación, de los llamados “Tiranos de fuera”?. ¿Cuántos recursos humanos han sido consumidos en los incontables esfuerzos, por liberar al hombre de los llamados: “tiranos de dentro”, es decir; las enfermedades, el sufrimiento y la muerte?. ¿Cuántos miles y millones de seres humanos han sido permanentemente golpeados por el abuso, la injusticia y la pobreza?. ¿Cuántos se encuentran caídos, desanimados, y abatidos por la dureza de esta vida? ¿Cuántos viven en un cautiverio brutal, aún cuando vivimos en el llamado siglo de la luces, y de informática?  Estimados amigos, te quiero contar que en el maravilloso libro de Dios, la Biblia, se nos informa de la maravillosa noticia, las buenas nuevas, que la doble batalla contra el pecado y sus consecuencias, y la muerte, ha sido ya ganada, no por esfuerzo humano, sino por intervención divina.  Cristo Jesús, el Hijo del Dios Viviente, vino a este mundo, para llevar a cabo la más grande misión liberadora. Al comenzar su ministerio público en esta tierra, en la sinagoga de Nazaret, declaró: “El Espíritu de Adonai, está sobre mi, por cuánto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a vendar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable de Adonai”. Luc.4:18-19. Queda claro, que el verdadero libertador del imperio del mal, es Cristo. Tiene poder para librarnos del poder del pecado, y para todos los que le han aceptado como Salvador personal, tiene poder para levantarlos del poder de la muerte, en el día final, cuando regrese por los suyos.

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